sábado, 26 de noviembre de 2016

MÓDULO 2. CASO 1
He decidido analizar el caso número 1 en el que en 4 alumnos se da una situación de acoso y victimización pasiva con retraimiento y falta de habilidades sociales. 
El test ha sido realizado por 64 alumnos. De ellos, 21 han declarado acoso hacia el alumno 26, el cual lo ha confirmado; 17, hacia la alumna 34 -también lo confirma-; 11, hacia el alumno 53, que lo confirma y además admite llevarlo bastante mal; y 3 compañeros declaran acoso hacia la alumna 16, quien no ha querido realizar el test.
La entrevista con los alumnos que sufren acoso demuestra que son alumnos  pasivos en general; sin embargo, a pesar de no ser queridos por un gran porcentaje de la clase como compañeros de mesa, excepto el alumno 53 (solo el 6%), tienen buena relación con algunos alumnos más.
El resto de alumnos los ve como compañeros pasivos o muy pasivos, excepto el alumno 53 de nuevo, el cual parece ser activo, aunque en todos los casos estos alumnos discuten mucho, algo que a priori es incongruente y raro, por lo que se meten mucho con él. Con nuestra intervención intentaremos que se muestre más participativo dejándose ver más en clase e intentaremos generar contextos donde se encuentre cómodo y pueda ser visto como menos raro (tanto durante actividades desde la tutoría, como desde las clases). Aun así, es muy acertado el trabajo que se propone sobre habilidades sociales.
A través de la entrevista con el alumno podemos obtener datos que nos sirven para conocer cómo actuar. Asimismo, debemos preguntar al alumno, además de cómo se siente, etc., en qué momento ocurren las agresiones para poder aconsejarle mejor cuándo debe estar acompañado; si el acoso suele ser de la misma manera, las consecuencias de defenderse o no en ese momento, e informarle de lo que es una situación de acoso (que los acosadores tengan intención de hacer daño, que se produce situación de desequilibrio de poder y que perdura en el tiempo). Todo ello conseguirá contrastar su situación de ser acosado con una situación real de acoso.
Respecto al tipo de intervención consideramos también importante entrevistarnos con la familia para saber cómo están viviendo esta situación, para, igualmente, asesorarles y hacer frente común en cuanto está en nuestra actuación ante dicha situación y conocer las oportunidades de socialización de las que goza el alumno fuera del centro. Además, sin duda, debemos poner esta situación en conocimiento del director del centro para que, junto con el orientador y algún profesor del claustro, pueda recabar toda la información pertinente y, de la misma manera, intervenir con las actuaciones que, una vez se analice el caso, más favorezcan a la estabilidad y ajuste del alumno dentro del centro.
Al mismo tiempo, debemos intervenir con los presuntos acosadores - a quienes conocemos a partir de la entrevista con el acosado -, aislándolos por completo del alumno acosado en un primer momento, comprobando que realmente estén acosando al alumno, ejerciendo todos los actos disciplinarios que marquen las normas de convivencia, organización y funcionamiento del centro, y trabajando la sensibilización desde la tutoría, a partir de la formación e información, para procurar que no vuelvan a realizar conductas de acoso semejantes. Por ejemplo, algunas ideas que sirven para intentar resolver estas situaciones y que pueden llevarse a cabo desde la acción tutorial son las siguientes:
·         Se puede trabajar la autoestima del acosado reforzando las actividades en las que él se sienta bien y nosotros sepamos que tiene éxito y que así, tanto él como sus compañeros, sean conscientes de que es bueno y sabe hacer bien las cosas ayudándole esto a aumentar su popularidad entre el resto.
·         Otro método efectivo podría ser el "role playing" a través del intercambio de papeles para que todo el mundo pueda entender las circunstancias del acosador, del acosado y del testigo y generar empatía entre los alumnos.

Respecto al compañero de mesa, además de las medidas que se toman, sería bueno comprobar si el compañero tiene igualmente esa buena recepción sobre él o si, por el contrario, otro alumno compañero de pupitre optimizaría la situación.
En general, atendiendo a los diferentes gráficos, observamos que este tipo de alumnos (26, 34, 53 y 16) son a los que más compañeros ven como un alumno que sufre acoso, algo que nos debe poner en alerta sobremanera. Además, él afirma llevarlo mal, por lo que parece estar sufriendo a nivel emocional, algo que debemos cambiar.
Como aspectos positivos de estas situaciones, encontramos que los alumnos en caso de acoso no están solos y su nivel de relaciones es bueno, ya que algunos alumnos afirman juntarse con él. Esta circunstancia nos ayudará para evitar su aislamiento y, al mismo tiempo, reforzar su estado emocional, para lo que utilizaremos tanto a esos alumnos con los que se llevan bien, como a los especialmente prosociales que han salido del sociograma para ofrecerle los dos alumnos-ayuda y, además, generarle un entorno social de estabilidad emocional.
De la misma manera, el alumno acosado no se siente indefenso a pesar de llevarlo mal y además, habla con la familia mucho sobre la situación. Estas dos circunstancias, en nuestra opinión, optimizan mucho la intervención y nos hacen ser optimistas ante la mejora de la situación. Creemos que todavía no estamos ante una situación límite y debemos enfocar nuestra intervención en ayudarle a defenderse dándole alternativas sobre lo que hacer cuando se vuelva a ver envuelto en una nueva circunstancia indeseable como las que lleva viviendo durante varios meses. Para ello podemos apoyarnos en el orientador del centro que, como técnico, nos asesorará para que podamos darle esos resortes a nuestro alumno.

Observando el resto de casos, podemos decir que, aunque las situaciones de acoso se producen con mucha frecuencia, algo totalmente indeseable, con nuestra intervención podemos evitar el aislamiento que sufre un alumno reforzando sus habilidades sociales y haciendo que el resto de alumnos puedan verle como un igual. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario